sábado 9 de agosto de 2008

Preparamos a estudiantes para trabajos y tecnologías que no existen todavía,para resolver problemas de los que todavía no sabemos van a ser problemas

Alumnos hoy:
Personas que han crecido, se han desarrollado y han adquirido todo su bagaje sociocultural y cognitivo en un vínculo más que estrecho con Internet y las tecnologías en general: teléfonos celulares, mensajería instantánea, correos electrónicos, acceso a la música y su almacenamiento, información mundial al instante, traductores, el tratamientos de imágenes, entretenimientos, videojuegos, televisión, redes sociales, búsqueda de trabajo, educación a distancia, pago de cuentas, compras on line, etc.

En contraposición, los docentes hoy:
Se relacionan tardíamente con las TIC y nunca llegan a hacerlo como los alumnos, ya que lo hacen desde otro modo de apropiación y utilización del conocimiento y la información en general.

La pregunta hoy:
Cómo piensan los estudiantes de esta generación, sobre qué estructuras mentales se desarrollan sus razonamientos, qué eligen hacer con el conocimiento, cómo son sus procesos de socialización, sus intereses y curiosidades, etc. Y frente a esto, ¿cómo adaptar las prácticas educativas a las necesidades de esta generación?

Es importante saber que: Esta diferencia no quiere decir, sin embargo, que la comunicación intergeneracional sea imposible, ni que la práctica educativa no tenga ninguna posibilidad de éxito, ni que alguien tenga una capacidad explicativa absoluta, en el sentido de agotar todos los sentidos y dar cuenta de todos los fenómenos actuales y los que vendrán.
Es evidente que existen diferencias entre quienes tuvieron que hacer un esfuerzo para familiarizarse con la PC, el DVD, el envío de mensajes por celular o la Web y quienes lo hacen de manera tan natural que parece ser instintiva.

Podemos aportar al proceso de enseñanza aprendizaje?
Estos son sin duda, algunos de los problemas que atraviesan hoy las aulas.
Y la respuesta es sí. Indudablemente, a las reflexiones tradicionales –las que aún no quedaron “viejas” para el contexto actual– debemos sumar la reflexión sobre los nuevos modos de pensamiento de nuestros alumnos, sus nuevos intereses, etc., a la hora de proponernos la actualización y el perfeccionamiento docente; o sea, posible acercamiento a la tecnología que se impone y se entreteje como una red, propuesta: capacitación y adaptación docente.
Dos cuestiones por atender.
Revisar a quiénes estamos educando.
v El Ministerio de Trabajo de EE.UU. estima que los estudiantes de hoy tendrán de 10 a 14 trabajos a lo largo de sus vidas
v La mayoría de las carreras universitarias de hoy en día no existían hace 10 años, nuevos medios, Agricultura orgánica, negocio electrónico, nanotecnología, seguridad nacional
v ¿Qué estudiarán dentro de 10 años?
v Los que hoy tienen 21 años, habrán visto 20.000 horas de TV, jugado 10.000 horas de videojuegos, hablado 10.000 horas por teléfono y habrán enviado/recibido 250.000 mensaje de correo electrónico o mensajes instantáneos
v Más del 50% de los estadounidenses de 21 años han creado contenido para la Web
v Más del 70% de los estadounidenses de 4 años han usado una computadora
v 50 millones es el número de mensajes de texto enviados y recibidos hoy, supera la población del planeta
v Internet comenzó a utilizarse ampliamente por un público general en 1995
v 1 de cada 8 parejas que se casaron en EE.UU. en 2005, se conocieron en la red
v Se han realizado 2.700 millones de búsquedas con Google, en este mes
v Se han publicado más de 3.000 libros, en el día de hoy
v La cantidad de información técnica se duplica cada dos años
v En 2010, se predice que se duplicará cada 72 horas
v Cerca de 2.000 millones de niños viven en países en desarrollo
v Uno de cada tres nunca finaliza quinto grado
v Las predicciones dicen que cuando los niños nacidos en 2007 tengan 6 años las capacidades de cálculo de una computadora superarán las del cerebro humano
v Y aunque las predicciones más allá de 15 años son difíciles de realizar, una PC tendrá más capacidades de cálculo que la raza humana

Estamos preparando a estudiantes para trabajos y tecnologías que no existen todavía... para resolver problemas de los que todavía no sabemos que van a ser problemas.
Adaptar las antiguas aulas a las generaciones del presente.
No se trata solo de actualizar contenidos, hay que familiarizarse e incluso “reconciliarse”– con las tecnologías e incorporarlas al aula; es necesario también que cambie el rol del profesor durante el proceso de enseñanza-aprendizaje, para convertirse en quien genera interrogantes, estimula la curiosidad y, a partir de allí, organiza la interacción entre los alumnos y los objetos de conocimiento mediante la guía de los procesos de búsqueda, análisis, selección, interpretación, difusión y almacenamiento de la información.
Es imperativo preguntarse
¿Cómo estamos ayudando a los niños a alfabetizarlos para el siglo XXI?
Como sostiene Perez Montero, alfabetizar ya no se restringe al acceso a la lectura y la escritura, da cuenta de una pluralidad de saberes, en los que se incluye a los lenguajes audiovisuales, la capacidad de seleccionar y organizar cúmulos importantes de información y la operación de computadoras, entre otras. El acceso a nuevos medios como Internet que genera nuevas demandas en términos de competencias
¿Estamos proporcionándoles los recursos y la formación necesarios para que los estudiantes tengan éxito en la sociedad del siglo XXI?
Montero también expresa que las presiones y demandas a la institución escolar se han multiplicado exponencialmente y las exigencias sobre el rol y el desempeño docente se han diversificado y complejizado. Sin embargo, el incremento de las presiones y de los nuevos atributos del rol no se ha asegurado con nuevos recursos, sostenes y apoyos -materiales, institucionales y simbólicos- para el desempeño de la función.
Hoy más que nunca, la brecha entre docentes y alumnos, al menos generacional, cultural y cognitiva, radica y representa un desafío en relación con la eficacia o no de la práctica docente.
En nuestra capacidad de lectura de la realidad y por ende de capacitación y adaptación, radica la posibilidad del cambio. Pero no depende solo de decisiones individuales, debiera estar incluida en un proyecto de Estado.
Andy Heargraves (2003) señala dos ejes contradictorios:
Mi opinión al respecto es que debemos ser capaces de conducir un proceso de aprendizaje que permita el desarrollo de las capacidades para la innovación, la flexibilidad y el compromiso, necesarios para el desenvolvimiento en la emergente sociedad de la Información. Y a su vez, deberemos luchar con las instituciones educativas y nacionales para mitigar las falencias y los problemas que acarrean la falta de recursos y la exclusión social que debieran formar parte de la agenda gubernamental.